Usar mejor los antibióticos en el HUBU ahorra 58.000 euros

DB/ Burgos - martes, 19 de enero de 2016 Utilizar mejor los antibióticos en cuatro servicios del Hospital Universitario de Burgos (HUBU) durante cuatro meses ha permitido un ahorro económico directo que se ha estimado en 58.292 euros. Esta es una de las conclusiones obtenidas en una investigación llevada a cabo entre diciembre de 2014 y marzo de 2015 por el grupo de especialistas que conforman en el hospital el denominado equipo PROA: profesionales de Medicina Interna, Microbiología, Cuidados Intensivos, Farmacia y Medicina Preventiva que desde hace años lideran la puesta en marcha del Programa de Optimización de Uso de Antimicrobianos. Entre sus objetivos destaca tratar de reducir las resistencias a estos fármacos, imprescindibles para hacer frente a las infecciones bacterianas.La iniciativa para optimizar el uso de antibióticos se implantó en el HUBU como proyecto piloto a comienzos de 2013 (fue pionero en la región) y a finales de 2014 consiguió 5.000 euros -aunque se habían solicitado 25.000- para desarrollar la investigación de la que se han obtenido los primeros datos acerca de la incidencia que puede llegar a tener el usar mejor determinados fármacos. Este estudio se realizó a partir de los tratamientos de 313 pacientes: 61 ingresados en la Unidad de Cuidados Intensivos y 252 en planta, repartidos por los servicios de Medicina Interna, Cirugía General y Traumatología. Los objetivos, en todos los casos, eran los mismos: mejorar los resultados clínicos de los pacientes con infecciones, minimizar los efectos adversos asociados a los antibióticos y muy especialmente las resistencias, y por último, tratar de ajustar en la relación entre eficacia y coste. Todo ello se ha conseguido, aunque no todo se puede cuantificar de la misma forma.Es decir, en los cuatro meses de toma y análisis de datos comprobaron que el hecho de utilizar mejor el antibiótico supuso una reducción de gasto de 23.292,49 euros en la UCI y 35.000 euros en planta. Y al hablar de «optimización» del uso de estos fármacos, todos los miembros del equipo destacan que no es que antes se usaran mal, sino que en ocasiones se pautaba más dosis de la necesaria, durante más tiempo o de un espectro más amplio de lo que la patología del paciente requería. Así, cada vez que en los servicios participantes en el estudio había resultados positivos en un hemocultivo y, por lo tanto, necesidad de antibiótico para hacer frente a la infección, se contactaba con el equipo PROA para que valorara el tratamiento. «Nunca lo cambiamos, solo recomendamos», recalca la intensivista María del Valle. Yeso quiere decir que, en ocasiones se aconsejaba mantener, pero otras se indicaba ajustar dosis, modificar el espectro, desescalar o incluso suspender. Estas indicaciones se aceptaron en un 90% de los casos, lo cual tuvo consecuencias directas en materia de gasto farmacéutico y otras tan importantes o más, pero que no pueden cuantificarse. Entre estas últimas, el equipo destaca que «en algunos grupos se apreció una disminución de la estancia y de la mortalidad» de los pacientes, pero  añaden que «estadísticamente no es significativa». Primero, porque los datos se refieren a un período de tiempo corto, de apenas cuatro meses, y también porque es difícil establecer comparaciones con otros períodos previos, ya que la investigación se hizo en meses de invierno, en los que más ingresos y pluripatología hay. En cualquier caso, subrayan que, quizá, «lo más importante sea que la mortalidad no aumenta por cambiar a un antibiótico de menor espectro». Una conclusión que también implicaría una disminución de las resistencias a estos fármacos, objetivo primordial acerca del que tampoco se ha podido evaluar si ha habido cambios, «probablemente, debido al corto período de implantación» en el HUBU.No obstante, el coordinador del equipo, el internista Carlos Dueñas, destaca que «el PROA es un programa que tendría que incorporarse a todos los hospitales y se acabará haciendo, porque hay un plan estratégico a nivel nacional y se considera prioritario. Y también porque el beneficio es claro tanto para los pacientes como para la institución», concluye.