Comida de lujo: el mejor regalo de Reyes en el Hospital de Burgos

El chef burgalés Ricardo Temiño vuelve a colaborar con el HUBU para ofrecer un suculento menú para cerca de 400 pacientes. Se incorpora Miguel Ángel Castro (Marea Bread), encargado de los roscones El Mundo-El Correo de Burgos / Diego Santamaría Ensalada de escabeche de ave y encurtidos como entrante. Ravioli de txangurro con crema de apionabo y salsa thai de primero y albóndigas de wagyu con salsa de trufa de segundo. Para rematar, Roscón de Reyes artesanal. Cualquier diría que se trata de un menú delicatessen. Y lo es. Pero no de restaurante, sino para alrededor de 400 pacientes del Hospital Universitario de Burgos (HUBU) que este martes tuvieron la oportunidad de degustar estos platos, con motivo del Día de Reyes, gracias a la iniciativa solidaria del chef Ricardo Temiño a la que este año también se suma Miguel Ángel Castro, de Marea Bread.«Estamos encantados, no se puede decir otra cosa», confesaba Víctor Manuel Hernando, jefe de Cocina del HUBU, mientras el resto del equipo se afanaba en emplatar la comida atendiendo a las especificaciones previamente dadas en función de las patologías de los pacientes. Aunque no es la primera vez que lo dice, Temiño no dudó en reiterar que «es lo más bonito que hacemos en todo el año». Poco importa el hecho de que sean «fechas difíciles» en los que la carga de trabajo se dispara sobremanera. El compromiso adquirido en 2018 se mantiene intacto y, según sus propias palabras, «estamos muy orgullosos de hacerlo». También «encantado de poder colaborar con el Hospital de Burgos» se mostraba Castro. No se lo pensó dos veces cuando Hernando le propuesto participar para potenciar la «apuesta por la calidad» en los postres. Dicho y hecho, Marea Bread elaboró unos 440 roscones individuales: «algo especial» con el firme deseo de que «le guste a todo el mundo».«Según pasan los años, vamos con más experiencia y a la hora de diseñar el menú nos cuesta menos». La complicidad entre Temiño y Hernando salta a la vista. Además, el chef de La Fábrica agradece la implicación del jefe de Cocina del HUBU desde la primera reunión para valorar distintas opciones. Si algo tiene claro, es que «Víctor es un valiente que enseguida dice que sí». No solo por su plena disposición a salir de la zona de confort, sino también «a la hora de comprar productos» que, obviamente, conllevan un importante desembolso económico. Porque el wagyu, la trufa melanosporum o el txangurro son un «lujo» que no todo el mundo puede permitirse. Vídeo de la noticia en La 8 Burgos

Electromedicina, el servicio mejor valorado del HUBU

Ha alcanzado puntuación media de 8,95 sobre 10 por parte del personal sanitario del centro El equipo de Electromedicina está integrado por ingenieros técnicos y personal administrativo especializado, con cobertura 24 horas al día, los 365 días del año Redacción Médica Los servicios de Electromedicina del Hospital Universitario de Burgos, prestados por Mantelec SA, empresa de Grupo Empresarial Electromédico (GEE), vuelven a situarse, un año más, como los mejor valorados por los profesionales sanitarios del centro. Así lo confirma la última Encuesta General de Satisfacción 2025, en la que el servicio alcanza una puntuación media de 8,95 sobre 10, la más alta entre los servicios no asistenciales evaluados. La encuesta, realizada anualmente entre los distintos servicios del Hospital Público de Castilla y León -gestionado bajo concesión por Eficanza-, evalúa la calidad de los servicios no sanitarios que dan soporte a la actividad asistencial. En esta edición, el resultado consolida la trayectoria de excelencia de Mantelec SA, que vuelve a encabezar el ranking de valoración por parte del personal sanitario. Calificaciones superiores a la media. Este reconocimiento refuerza una tendencia sostenida en el tiempo. Durante los últimos años, el Servicio de Electromedicina gestionado por Mantelec SA ha mantenido de forma constante calificaciones superiores a la media, reflejo de un modelo basado en la disponibilidad permanente de la tecnología médica, la rapidez de respuesta y la cercanía con los profesionales clínicos.Desde los propios servicios asistenciales destacan, un año más, el impacto directo de la Electromedicina en la calidad asistencial. La fiabilidad del equipamiento médico y la resolución ágil de incidencias permiten a los profesionales centrarse en la atención al paciente, minimizando interrupciones y garantizando diagnósticos y tratamientos seguros. Liderazgo en Electromedicina. El equipo de Electromedicina del Hospital Universitario de Burgos está integrado por ingenieros técnicos y personal administrativo especializado, con cobertura 24 horas al día, los 365 días del año, y forma parte de la estructura técnica de Grupo Empresarial Electromédico (GEE), grupo español de capital 100 por cien familiar con presencia en más de 250 centros sanitarios. Al frente del equipo se encuentra Javier Puerto, profesional con más de 25 años de experiencia en la gestión de tecnología sanitaria y una amplia trayectoria en hospitales de todo el territorio nacional. «Este resultado es el reflejo del trabajo diario y del compromiso del equipo con el hospital y con sus profesionales. Nuestro objetivo no es solo mantener la tecnología operativa, sino aportar tranquilidad y confianza a quienes la utilizan cada día», señalan desde Mantelec SA.Con esta nueva valoración de 8,95 sobre 10, Mantelec SA cierra 2025 reafirmando su liderazgo en Electromedicina en el Hospital Universitario de Burgos y consolidando un modelo de gestión tecnológica orientado a la calidad asistencial, la seguridad del paciente y el apoyo directo a la labor clínica. Acceso al reportaje completo

Apagón: El HUBU se reactivó en 40 segundos

El Hospital Universitario de Burgos activó el protocolo de corte eléctrico y garantizó el funcionamiento de las áreas críticas sin que los pacientes llegaran a notar la interrupción del suministro Los medios de redundancia del HUBU funcionaron a la perfección durante el apagón que dejó a todo el país sin suministro eléctrico durante horas. Conoce la Central Energética del Hospital Universitario de Burgos Ruth Rodero- Burgos Conecta Cuando se produjo el apagón que mantuvo a la península ibérica sin luz durante horas, en el Complejo Asistencial Universitario de Burgos (CAUBU) todo transcurría con la normalidad de un lunes cualquiera. Pero en cuestión de segundos, el sistema de alumbrado y el informático se vieron afectados por la interrupción del suministro. Lo que en un primer momento parecía una caída momentánea del servicio mutó en una situación de gravedad en un entorno como lo es el hospital. Con el paso de los minutos se confirmó que el corte de luz era prolongado y afectaba no solo al hospital, sino también al resto de Burgos y del país. «Al ver que el apagón era prolongado fuera del complejo asistencial, nos pusimos inmediatamente en contacto con la empresa concesionaria para que nos informase de la situación. Estos nos actualizaron la situación con la red eléctrica así como el estado de los medios auxiliares (grupos electrógenos y reservas de combustible del HUBU). También nos dirigimos a los otros dos hospitales (Fuente Bermeja y Divino Valles) para analizar la situación de ambos centros. A partir de ahí, comenzamos a aplicar protocolos y concertar reuniones, tanto a nivel interno como externo, con Gerencia de Área, Gerencia Regional y Consejería de Sanidad», explica Carlos Cartón, director médico del Complejo Asistencial Universitario de Burgos (CAUBU). La situación, aunque atípica, está contemplada en los protocolos de estos hospitales, que «cuentan con un protocolo específico de corte eléctrico incluido en sus planes de contingencia». De esta manera, los centros sanitarios se preparan para que una situación de este tipo no ponga en riesgo vital a ningún paciente. En la jornada del lunes el protocolo se activó de inmediato tras detectarse el fallo en el suministro. «El protocolo implica una gestión correcta de los diferentes medios y procesos que intervienen en una situación de ausencia de energía eléctrica en la red», explica el director médico. Gracias a este sistema, los grupos electrógenos se activan automáticamente. «A los 40 segundos de producirse el corte, el hospital ya estaba energizado», celebran. Esta capacidad de respuesta permitió mantener la actividad de las zonas más sensibles sin interrupciones. La autonomía del hospital en estas circunstancias depende del combustible disponible. «Con 50.000 litros de diésel que hay almacenado, el CAUBU puede funcionar durante unas 50 horas a pleno rendimiento, es decir, con todas sus instalaciones encendidas y operativas», aseguran desde el centro médico. Aquí puedes leer el reportaje completo

La pandemia desde dentro del HUBU

El Mundo-El Correo de Burgos revisita los servicios del hospital que tuvieron que enfrentarse al covid-19 redoblando esfuerzos y personal Así vivieron la pandemia los equipos de limpieza, mantenimiento, logística y cocina del Hospital Universitario de Burgos. Marta Casado.- El Mundo-El Correo de Burgos Los más de 500 trabajadores que prestan los 13 servicios externalizados que hacen funcionar el Hospital Universitario de Burgos (HUBU) no trataron a ningún paciente, pero su trabajo fue vital para que los profesionales sanitarios pudieran cumplir la intensa demanda de ingresos que generaron las primeras olas de la Covid-19, que les pilló casi por sorpresa, y las siguientes. Cuando en el equipo de Mantenimiento, que coordinan la preparación de las plantas y la gestión de gases medicinales, se encontraban realizando la dialización de la Planta 7, porque entre los primeros pacientes de Covid que llegaban desde Miranda había casos que necesitaban este servicio, pensaban que estaban ante un servicio más. «Fuimos allí con nuestro mono de trabajo, como siempre, cuando vimos que entraban los enfermeros en un buzo aislados en todo momento es cuando nos dimos cuenta lo grave que era lo que estaba pasando», señala el jefe de equipo de Mecánica y Mantenimiento, Eduardo Mediavilla Martínez. En unos días la demanda de transformación de los hospitales de día en UCIS, de tres pasaron a seis, era acometida por el equipo de mantenimiento preparaba todas las tomas necesarias de aparataje médico y gases. Uno de los consumos que más se incrementaron fue el de Oxígeno, necesario para los problemas respiratorios que presentaban los pacientes con coronavirus. Al duplicar el espacio Uci la demanda de oxigeno se disparó. Se incrementó en un 50% pasando de los 390.035 metros cúbicos de oxígeno suministrados en 2019 a los 591.326 suministrados en 2020. «En una situación normal el hospital consume el 5% del depósito de oxígeno que hay, en los picos de covid se llegaba a consumir el 20% disponible y si lo habitual es que el suministro se realizara desde Tarragona cada 15 días, en la época del covid cuando un camión descargaba salía otro de la planta de producción hacia Burgos», explica Mediavilla. Un pico de demanda que puso en tensión las tuberías y conductos de todo el hospital manteniendo en vilo al equipo de 11 operarios de mantenimiento, aunque «el suministro siempre estuvo garantizado y a salvo, es nuestro trabajo que sea así». Un esfuerzo que se mantuvo durante las ocho olas de la pandemia porque el hospital ampliaba y replegaba su espacio covid en función de la demanda de casos. En este sentido, otro de los picos de actividad fue la desinfección de las plantas covid cuando dejaban de serlo. El equipo optó por el uso de Peróxido de Hidrógeno nebulizado a partir de un equipo especializado que permitía aniquilar cualquier rastro del SARS-CoV-2 y recuperar la actividad diaria en ese espacio. «Se sellaba la planta, se hacia un cálculo del tiempo de exposición en función del tamaño del espacio a tratar y se dejaban testigos de peróxido en sitios de difícil acceso como dentro de cajones, y todos daban positivo», explica el responsable de mantenimiento. A éste sistema se incorporó un robot con emisión ultravioleta que mapeaba la planta y la higienizaba. «Estos aparatos se siguen utilizando, el robot con emisión ultravioleta en quirófanos y seguimos con el equipo de peróxido porque sigue habiendo covid», recuerda. El reto abrió una etapa de trabajo a destajo entre el equipo de 11 personas entre las que «no tuvimos vacaciones, ampliábamos horas porque si ya es difícil encontrar este personal cualificado en una situación normal, en medio del confinamiento se hizo imposible», explica. Eso sí, asegura que ninguno del equipo tuvo un contagio covid pese a que «siempre ibas con el miedo de llevarlo a casa». Aquí puedes leer el reportaje completo

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